- Los investigadores coinciden en afirmar que el tratamiento debe ser primeramente etiológico y secundariamente sintomático.
Qué es el sueño
El
sueño es un estado fisiológico de la persona, regulado por
una glándula en la base del cerebro llamada pineal que produce una
sustancia química, la melatonina. La producción y liberación de
la esta sustancia aumenta por la noche y disminuye por el día.
Estas variaciones de la cantidad de melatonina regulan el llamado
ritmo circadiano del sueño-vigilia, que se adapta al horario solar.
Como
todo fenómeno humano normal, con una función específica, a lo
largo de la vida del sujeto, el sueño puede variar en
cantidad y calidad, en función de la edad, estado de salud y
enfermedad, cambios fisiológicos vitales (pubertad,
menopausia,...), etc.
El
sueño es necesario para el buen estado físico y mental del
individuo. Existe una relación bidireccional entre el sueño y la
salud. Con frecuencia, cuando el sujeto enferma (física o
mentalmente) se altera el sueño y cuando una persona duerme mal
durante cierto tiempo se producen alteraciones físicas y
mentales que pueden derivar a enfermedad. Con el avance de los
métodos de estudio del sueño se ha podido conocer con profundidad
su fisiología y sus alteraciones, pero queda mucho por conocer aún
las funciones psicológicas del sueño.
Hace
años se pensaba que el sueño aparecía por una cesación de la
actividad cerebral normal, por lo que se consideraba que era
un proceso pasivo. Hoy se sabe que hay áreas neuronales que se
activan, para iniciar y mantener el sueño. Viene a ser, por tanto,
una variación del equilibrio entre neuronas activadoras e
inhibidoras que se da en el cerebro de modo continuo y que permite
que el individuo realice todas sus funciones, no simplemente dormir
o estar despierto.
Durante
las horas de sueño la actividad cerebral cambia y estos cambios se
reflejan en diferentes ondas eléctricas registradas en el
electroencefalograma. Hay dos tipos de actividad bien diferenciadas:
la actividad rápida (de alta frecuencia), parecida a la que se da
cuando el sujeto está despierto, que se llama sueño MOR
(movimientos oculares rápidos) o paradógico; y la actividad lenta
(ondas de baja frecuencia). Estos dos tipos de actividad se
acompañan de cambios fisiológicos cerebrales y corporales, cuya
función es la recuperación física y la reorganización mental.
Durante el sueño se dan breves despertares, generalmente
acompañados de movimientos físicos, cuando se pasa de la fase de
actividad lenta a la de actividad rápida y viceversa.
Estos
despertares permiten darse cuenta de la temática de los ensueños.
Los ensueños son secuencias de imágenes o fantasías que se dan en
todas las fases del sueño, pero que son más intensas y frecuentes
durante la fase de actividad cerebral rápida o sueño MOR.
Cuántas horas de sueño se consideran normales
En
función de la edad, la estructura y el tiempo de sueño varían.
Así, el recién nacido duerme aproximadamente unas dieciocho horas,
un adulto joven una media de siete-ocho horas, un anciano alrededor
de seis horas y media.
En
el recién nacido la fase REM ocupa más del 50 % del tiempo total
de sueño, en el adulto el 25 % y en el anciano el 20 %. De los 30 a
los 60 años se produce una disminución lenta y gradual de la
calidad y del tiempo total de sueño. A medida que avanza la edad,
el sueño se vuelve más fragmentado y superficial.
Algunas
personas presentan cambios en la necesidad de sueño en función de
las estaciones del año (más necesidad en invierno y menos en
verano), en situaciones de cambio fisiológico (adolescencia o
menopausia) por los cambios hormonales, y en situaciones de mucho
cansancio por exceso de trabajo o de preocupaciones, que también
aumentan la necesidad de sueño como una manera de recuperarse de
dicho cansancio.
Qué es el insomnio
Se
trata de una dificultad para iniciar y/o mantener el sueño, o la
sensación de no haber dormido un sueño reparador. Así pues, se
trata de un problema de disminución de la cantidad y/o calidad del
sueño.
El
insomnio repercute en el estado vigil del individuo por producir
disminución de la concentración, falta de energía física y
alteraciones del comportamiento y de las emociones (irritabilidad),
que afectan de modo importante en su calidad de vida.
Este
trastorno del sueño se da en una tercera parte de la población
(30%), siendo más frecuente en los ancianos, las mujeres y en
personas con enfermedades psiquiátricas. La mayoría de los casos
de insomnio tienen un inicio agudo, coincidiendo con situaciones de
estrés, y tienden a cronificarse en el 60 % de los casos debido a
factores comportamentales (mala higiene del sueño) y cognitivos
(ideas y temores a no dormirse) desarrollados por el episodio de
insomnio.
Cuáles son sus causas
Existen
múltiples causas del insomnio. Unas son frecuentes y otras raras,
unas se deben a influjos ambientales y otras a trastornos del
individuo, unas son de origen psiquiátrico o psicológico y otras
orgánicas, unas son pasajeras y otras son crónicas.
Las
causas más frecuentes de insomnio son las alteraciones emocionales
de carácter reactivo y las enfermedades psiquiátricas. En general,
todas aquellas situaciones del individuo que se acompañan de
intensa ansiedad, preocupación, tensión psíquica, angustia, miedo
o tristeza. Estos insomnios tienden a cronificarse.
En
segundo lugar están aquellas enfermedades o molestias de origen
físico, que se acompañan de sensaciones molestas, que no le
permiten la relajación previa al sueño o le despierta varias veces
durante la noche. Ahí estarían aquellas enfermedades físicas que
producen dolores, fiebre, sensaciones físicas desagradables como
las parestesias, picores, hormigueos, etc.
En
tercer lugar están los insomnios relacionados con la toma de
sustancias. Los estimulantes (café, refrescos de cola, chocolate,
etc.) tomados por la tarde-noche pueden producir insomnio de
conciliación. El alcohol produce alteraciones del sueño con
insomnio de mantenimiento (frecuentes despertares) y sueño
superficial. Los individuos que toman estimulantes legales o
ilegales, o los que abusan de sustancias tranquilizantes, pueden
presentar insomnio también como efecto de la abstinencia de esas
sustancias.
Lo
mismo ocurre cuando una persona suele tomar medicación para dormir
y un día no tiene la medicación, ese día probablemente no
dormirá. En cuarto lugar están las causas de insomnio por
circunstancias ambientales: ruidos, calor, olores, dureza del
colchón, etc. El insomnio está presente mientras esas
circunstancias ambientales permanecen.
Es
importante conocer la causa del insomnio para solucionar el problema
pero hay que saber también que existe un número reducido de casos
en los que no se puede saber la causa del insomnio, estos se llaman
insomnios esenciales o funcionales, y su tratamiento será
únicamente sintomático, generalmente con medicación hipnótica.
Qué debe hacer una persona que padezca este problema
En
el epígrafe anterior ya hemos adelantado algo del tratamiento o
solución del insomnio. Así pues, la primera solución es descubrir
la causa y, si es posible, quitarla. Si no se puede quitar, o
mientras se trata la causa, se debe tratar el insomnio con
medicación hipnótica.
Es
importante saber que no se debe tomar medicación por cuenta propia,
aunque la tome mucha gente y parezca que no tiene efectos
secundarios, si no se lo ha recetado su médico.
Conviene
acudir a un especialista para que estudie el caso, realice las
exploraciones necesarias, establezca un diagnóstico e indique el
tratamiento adecuado.
Hoy
en día existen pruebas capaces de obtener registros del sueño
durante toda la noche que ayudan a establecer el diagnóstico del
tipo de insomnio que se padece, son las polisomnografías.
Consejos para dormir bien
En
caso de padecer insomnio por primera vez, no hay inconveniente en
tomar infusiones de tila, valerianas u otras hierbas relajantes ya
que son inocuas y ayudan a dormir mejor. Si pide al farmacéutico
alguna pastilla para dormir, quizás le dé algún antihistamínico
pues tiene seguridad que no será perjudicial y producen
somnolencia, pero al poco tiempo sus efectos remiten con el uso.
La
mayoría de los aparatos que emiten ondas, u otros aparatos que se
anuncian con propiedades para dormir mejor, actúan en general por
su efecto placebo. No hay estudios que corroboren su eficacia.
En
caso de insomnio ligero pueden ser eficaces las medidas de higiene
del sueño. Antes de usar fármacos para el insomnio, se recomienda
aplicar las pautas de higiene del sueño:
- Despertarse y acostarse todos los días a la misma hora.
- Limitar el tiempo diario en cama al tiempo necesario de sueño (7,5-8 horas).
- Suspender las sustancias con efecto activador o estimulador del SNC.
- Evitar largas siestas durante el día.
- Realizar ejercicio físico, evitando que se realice en las últimas horas del día por su efecto excitante.
- Evitar actividades excitantes en las horas previas a acostarse.
- Realizar baños de agua a temperatura corporal por su efecto relajante.
- Comer a horas regulares y evitar comidas copiosas cerca de la hora de acostarse.
- Practicar ejercicios de relajación antes de acostarse.
- Mantener condiciones ambientales adecuadas para dormir (temperatura, ruidos, luz, dureza de la cama, etc.)

No hay comentarios:
Publicar un comentario